Soy P.A.F. y quiero compartir un testimonio de lo que Dios está haciendo en mi tiempo de Cuarentena a través del Santo Rosario. Durante la semana Santa invité a rezar el Santo Rosario a todos mis compañeros de secundaria, de quienes yo mantenía recuerdos muy dolorosos desde hacía más de 15 años atrás.

A la invitación asistieron 10 de los más de 30 compañeros que leyeron la invitación. La cantidad de participantes no me asombro puesto que es así en el mundo entero, si Dios llamó al mundo a seguirlo y hasta ahora vemos cuantos responden a esta invitación, quien soy yo para esperar un sí de todos.

Lo que me impacto fue la devoción que mostraron a la virgen, los compañeros que aceptaron la invitación y estuvieron todos los días que nos propusimos hacerlo durante toda la semana Santa. Lo que vivía minutos antes y durante el rezo del Rosario fue inesperado, me ayudó tanto, que me es difícil de encontrar palabras para explicar cómo unos simples minutos transformaron recuerdos tan complicados que cargaba en algún lugar de mi mente y corazón hasta el último día del Rosario.

Una de mis compañeras es Médico de profesión y pude ver que antes de entrar a su turno en el hospital, mientras se terminaba de alistar hizo lo posible por rezar el Rosario. Ver su rostro lleno de fe antes de entrar a su turno médico, abrió la puerta de la empatía, este sentimiento me invadió profundamente, me transportó a la dura realidad en que los trabajadores del área salud se encuentran.

El ver a uno de mis compañeros que jamás pensé escucharlo rezar con tanta devoción el Rosario sacudió mis recuerdos y abrió otra puerta, la puerta del prejuicio que me ayudó a dar otro giro a  mis memoria en el último día del Rosario.

Al escribir durante los 7 días en el grupo de WhatsApp: ¡Hoy rezaremos el Rosario los esperamos! y ver que más respuestas recibía la imagen de un meme que aquella invitación abrió la puerta a los recuerdos del rechazo que alguna vez sentí y los vi con otros ojos, los del corazón, los de la paciencia pues no era a mi quien ignoraban a mí, sino a la madre de nuestro salvador.

Durante siete días la gracia de Dios cubrió y liberó a todos mis compañeros de colegio sin que ellos se dieran cuenta de la sentencia con la que yo los mantuve por hace más de 15 años en un Juicio espiritual y mental realizado en los secretos estados de mi memoria y corazón.

Disciplinadamente logramos rezar siete días. Yo pedía por mis compañeros que no rezaban con nosotros para que Dios toque sus corazones y que reciban una gracia especial y al final del Rosario también yo la recibí , la  de poder ver a mis compañeros con otros ojos,  los ojos del amor, fue  como si hubiesen limpiado mis empañados ojos y ver los días que atravesé con dificultad y soledad en realidad no estuve tan sola como creía yo, también me equivoqué y no era la única que sufría.  

Finalmente, el Santo Rosario sigue sanando, sigue enseñándome y si hubiera sabido que el solo invitar a mis compañeros a rezar un Rosario haría tanto por mi lo habría hecho hace muchísimo tiempo atrás.

 Te animo hacerlo a ti también pues en esta Cuaresma rezar no solo te hace bien, es de VITAL importancia.

Con un corazón agradecido, saludos una P.A.F.     (Pequeña Anónima Feliz)….

 

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